miércoles, 22 de febrero de 2017
Los uruguayos nos estamos acostumbrando a los escándalos políticos, a las mentiras, a la corrupción.
La participación de dirigentes y gobernantes en actos reñidos con la ética en forma casi cotidiana son reflejo de la perdida de valores ciudadanos como el respeto, la honorabilidad, la fuerza de la palabra dada y comprometida.
Hoy los malandas toman como natural que su trabajo es robar.
La realidad nos indica que el descaro y el cinismo son parte de nuestra cotidianidad política.
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